Se que la ciudad es grande, se que
tiene millones de habitantes, pero hoy vi al la persona más fea de
la ciudad de México. Horrible.
Eran alrededor de las 8:45 de la noche
y yo, a bordo de la línea rosa del metro, regresaba a mi casa. Se
vacíaba el metro a cada estación y eso es bueno. Se liberan
asientos y cualquiera puede afianzarse un buen lugar donde sentarse
mientras el convoy avanza. Abren las puertas e ingresa un hombre
delgado, como de uno setenta y algo de estatura, veinticinco o algo
más de años. Vestía al estilo de oficina : una camisa desteñida y
amarillenta, apezar de ser del color azul; un pantalón gris y necio
como el cemento. quizá mas obscuro; además de zapatos puntiagudos y
terrosos.
Al entrar al vagón se despedía de una
mujer anónima y eso parecía alegrarle, se veía emocionado,
sonreía. La piel de su cara era de un color raro, terrosa, morena,
amarillenta, todos los colores en una combinación heterogénea. ¿has
visto las palmas de un vegetariano? ¿las
plantas de los pies de un vago? Jiotoso. En su barbilla nacían
puntos negros, lacerando su cara y convirtiéndola en piel de
gallina. Incipiente barba. Asco. Le han llamado tripofobia, pero yo
le digo asco. Unos delgadísimos y resecos labios . Una nariz
apuntando hacia ninguna parte. Por suerte, llevaba unos lentes lo suficientemenente gruesos como para no verle los ojos. Tenía cabello delgado, grasoso, largo y
escaso. Se veía la piel del cráneo. En su coronilla había manchas
rosas sin cabello, y yo me acordé de los perros sarnosos; él, como leyendo
mi mente, se rasca aquellas irritaciones,y despés mira lo que ha quedado atrapado
entre sus uñas, para luego hurgar su nariz, mirar sus dedos. Sigue contento, ilusionado
hijo de su puta madre. Lanza palabras al aire que sólo el escucha y
luego sonrisas. Sonrisa sin forma, su boca parece un reguero de
gises. Al menos 3 milimetros entre diente y diente, azarosos,
filosos.
Se siguen desocupando lugares y se
sienta justo enfrente de mi. Tengo comezón. Mi vista se empalaga en
lo grotesco,.Él sigue hurgando su nariz, sigue mirando sus dedos después
de hacerlo, sigue sonriendo y su sarna mas rosa que nunca, pero mas
cerca. Siento que puedo olerlo.
Ahora que reflexiono, lo que más me
dio asco fue su felicidad.
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