martes, 29 de abril de 2014

Puaj

Se que la ciudad es grande, se que tiene millones de habitantes, pero hoy vi al la persona más fea de la ciudad de México. Horrible.

Eran alrededor de las 8:45 de la noche y yo, a bordo de la línea rosa del metro, regresaba a mi casa. Se vacíaba el metro a cada estación y eso es bueno. Se liberan asientos y cualquiera puede afianzarse un buen lugar donde sentarse mientras el convoy avanza. Abren las puertas e ingresa un hombre delgado, como de uno setenta y algo de estatura, veinticinco o algo más de años. Vestía al estilo de oficina : una camisa desteñida y amarillenta, apezar de ser del color azul; un pantalón gris y necio como el cemento. quizá mas obscuro; además de zapatos puntiagudos y terrosos.

Al entrar al vagón se despedía de una mujer anónima y eso parecía alegrarle, se veía emocionado, sonreía. La piel de su cara era de un color raro, terrosa, morena, amarillenta, todos los colores en una combinación heterogénea. ¿has visto las palmas de un vegetariano? ¿las plantas de los pies de un vago? Jiotoso. En su barbilla nacían puntos negros, lacerando su cara y convirtiéndola en piel de gallina. Incipiente barba. Asco. Le han llamado tripofobia, pero yo le digo asco. Unos delgadísimos y resecos labios . Una nariz apuntando hacia ninguna parte. Por suerte, llevaba unos lentes lo suficientemenente gruesos como para no verle los ojos. Tenía cabello delgado, grasoso, largo y escaso. Se veía la piel del cráneo. En su coronilla había manchas rosas sin cabello, y yo me acordé de los perros sarnosos; él, como leyendo mi mente, se rasca aquellas irritaciones,y despés mira lo que ha quedado atrapado entre sus uñas, para luego hurgar su nariz, mirar sus dedos. Sigue contento, ilusionado hijo de su puta madre. Lanza palabras al aire que sólo el escucha y luego sonrisas. Sonrisa sin forma, su boca parece un reguero de gises. Al menos 3 milimetros entre diente y diente, azarosos, filosos.

Se siguen desocupando lugares y se sienta justo enfrente de mi. Tengo comezón. Mi vista se empalaga en lo grotesco,.Él sigue hurgando su nariz, sigue mirando sus dedos después de hacerlo, sigue sonriendo y su sarna mas rosa que nunca, pero mas cerca. Siento que puedo olerlo.

Ahora que reflexiono, lo que más me dio asco fue su felicidad.


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